La propuesta fue simple: reunir a los emprendedores en equipos, presentarles situaciones cercanas a la realidad de cualquier emprendimiento y desafiarlos a tomar decisiones. No se trataba de responder qué estaba “bien” o “mal”, sino de elegir qué harían ellos frente a cada situación y conversar sobre los criterios detrás de cada decisión.

A medida que avanzaba el juego, cada elección iba construyendo un perfil a partir de tres dimensiones:

💰 Orientación económica: decisiones vinculadas con costos, recursos, rentabilidad y sustentabilidad económica.

💼 Orientación comercial: foco en clientes, ventas, oportunidades y desarrollo del mercado.

⏱️ Orientación a la organización: prioridad en la planificación, los procesos, el orden y la forma de gestionar el emprendimiento.

Al finalizar, los resultados permitieron visualizar qué orientación predominaba en cada equipo y, sobre todo, generar una conversación sobre algo que muchas veces no resulta tan evidente: la forma en que decidimos también dice mucho sobre cómo gestionamos un emprendimiento.

La experiencia combinó el intercambio entre emprendedores con el formato físico de un mazo de cartas y el soporte digital de FSE, que registra las decisiones y transforma las respuestas en resultados visibles.

Esta es justamente la lógica que buscamos con FSE: convertir situaciones reales en experiencias de aprendizaje, donde jugar sea una forma de conversar, reflexionar y conocernos un poco más a partir de las decisiones que tomamos.

Decisiones en juego. Aprendizaje visible.