Esta vez, la posibilidad de seguir avanzando no dependía de una nueva evaluación tradicional: había que formar equipos, tomar decisiones y construir una empresa ronda tras ronda.
Los estudiantes se agruparon en equipos y transitaron seis rondas de juego. En cada una recibieron una tarjeta con una situación de decisión y debieron acordar en qué invertir sus recursos, evaluando alternativas y definiendo una estrategia común.
Cada decisión tenía consecuencias. A medida que avanzaban las rondas, las inversiones realizadas iban modificando el desempeño del equipo y construyendo el valor empresarial alcanzado.
La dinámica puso en juego algo más que un resultado final: obligó a los participantes a conversar, defender posiciones, administrar recursos, asumir riesgos y tomar decisiones en conjunto.
De esta manera, el repechaje se transformó en una experiencia donde los estudiantes tuvieron que demostrar su capacidad para pensar estratégicamente y decidir en equipo.
Desafío Empresarial propone justamente eso: aprender haciendo, experimentar las consecuencias de las decisiones y descubrir que, cuando se trata de construir una empresa, cada decisión cuenta.

